c_oriel_trump_500x279Por Vicente Guzman-Orozco

Mientras los dos candidatos principales batallan por un margen determinante, los candidatos secundarios siguen apenas haciéndose notar. Sin embargo, una victoria para Trump en noviembre podría hacer de la libertad la peor perdedora de la elección. La separación de la iglesia del gobierno, la libertad de expresión, otros derechos y hasta las relaciones raciales ya están en la mira del estrafalario comerciante. A continuación solo tres de las amenazas más apremiantes en la oscura visión del futuro para la mayoría de norteamericanos:

Una vuelta maquiavélica al Tribunal Supremo: 50 dias antes de la elección, la Secretaria Clinton declaró que la elección tendría un efecto sobre los siguientes 50 años, y el impacto de la Corte Suprema del país en si le concede razón. Trump ya ha anunciado una lista de posibles nominaciones que podrían llevar al tribunal a un extremo alarmante, más allá de los sueños del difunto juez Antonin Scalia, cuyo puesto continúa vacio gracias a la intransigencia del congreso republicano. El senador Mike Lee ha recibido muy merecida atención debido a su oposición a los derechos reproductivos y del colectivo LGBT, como también al Seguro Social y otros elementos del apoyo social básico. Su experiencia y prominencia lo hace una sugerencia apropiada, aun si extremista, pero los rumores que el billonario Peter Thiel había sido mencionado personalmente causó un furor justificado. Aparte de fundar PayPal, su nombre gano reconocimiento con la revelación que él había financiado una demanda que efectivamente aniquiló un conglomerado mediático como venganza por publicar su homosexualidad, lo que era un secreto a voces en el Valle del Silicón. Otras declaraciones e ideas han salido a la luz, como su oposición a la regulación gubernamental, prácticas de empleo racistas, su libertarismo extremo y su creencia que el voto de las mujeres ha sido la ruina de la democracia. Las tendencias ideológicas de tan sólo estos dos hombres en la lista de Trump dan motivos para preocuparse.

La erosión de los derechos reproductivos: en su cortejo de los evangélicos, Trump ha tenido de celestina nada más que a Anthony Perkins, presidente de la organización Family Research Center, órgano determinadamente anti-opción en el aborto. El mes pasado, en la Cima de los Votantes por Valores, la FRC presentó su plan para los primeros 100 días de la presidencia de Trump, enfocado en la revocación de derechos reproductivos, incluyendo iniciativas domésticas e internacionales proelección, investigaciones de tejido embrionario, los derechos de transexuales, y protecciones para el colectivo LGBT ante contratistas gubernamentales. Aunque el Washington Post declaró en un titular de hace 5 meses que “Trump cambió de posición sobre el aborto 5 veces en 3 días,” el magnate fijó una dirección más concreta al nombrar Marjorie Dannensfelder como líder de su “coalición pro-vida.” Dannensfelder originalmente estaba opuesta a Trump, pero se le unió porque él comenzó a adherirse a sus prioridades.

Dannensfelder es mejor conocida como presidenta de Susan B. Anthony List, un grupo dedicado a erradicar el aborto en el país, incluso en casos de violación, incesto, o riesgo para la mujer encinta.

Paradójicamente, también se opone a métodos contraceptivos que prevendrían los embarazos no planeados y condiciones médicas que llevan a la decisión por el aborto.

Normalización de insultos, retaliación y violencia: comenzando con su justificación de dos hombres que golpearon un indigente hispano y pasando por su promesa de defender a los que ataquen a sus detractores, el candidato republicano dejó claro que invita el caos. Más preocupantes son los grupos felices de unirse a su causa que abiertamente promueven racismo y oposición al gobierno. David Duke, antiguo líder del Ku Klux Klan en plena campaña para el senado en su Luisiana nativa, declara que su éxito es debido a que el comerciante de Nueva York comparte su retórica. (Duke contaba con 3% en las encuestas a fines de septiembre sin posibilidad de ganar.) La invectiva discriminatoria aun se ha vuelto contra sí misma, ya que recientemente un representante gay prominente, Milo Yiannopoulus, comenzó a ser hostigado por la facción por el crimen de ser parte judío y declarar que el movimiento no es racista.

Trump también ha sugerido retaliación extremadamente peligrosa, desde invitar a Rusia a piratear electrónicamente instituciones y grupos norteamericanos, al menos dos veces intimando que los adherentes a las armas podrían “encargarse” de Clinton, y llevando su venganza contra una Miss Universo de Venezuela hasta el punto de invitar al público a buscar un video de actividades sexuales que ella asegura no existe. Aun así, Trump también cree que puede utilizar agencias como Hacienda o la Fiscalía para contraatacar a sus críticos ya sean individuos o los medios. El colmo de su desvarío llegó al especular que podría deportar a la Secretaria Clinton.

El bombástico comerciante puede no entender lo difícil que la constitución hace el proceso de enmienda, por lo que sus declaraciones de invalidar el decimocuarto o que Clinton eliminará el segundo suenan como un sueño febril. Y quizás las revelaciones recientes del impropio manejo de su fundación caritativa, lazos sospechosos con negocios rusos y en Cuba, o hasta su pésima muestra en los debates finalmente den a Clinton el margen de victoria antes de las elecciones. Pero la evidencia, incluyendo sus palabras, preponderantemente indican actitudes decididamente anti-americanas que gran parte del país no parece ver así. Hay gran peligro en descontar esta olla que él ha hecho hervir.

Comments

comments