Refugiado guatemalteco, después de esperar 20 años, por fin tiene su tarjeta de residencia

La persistencia tuvo buenos resultados para el inmigrante guatemalteco Luis Díaz, quien tuvo que esperarse 20 años para obtener su tarjeta de residencia. El próximo paso será obtener asilo para su esposa, a la cual no ha visto en cinco años. Foto por Jennifer Díaz
Richard Jones
El Hispanic News
Salem, OR — La guerra civil guatemalteca, de 1960 hasta 1996, podría no haber sido expuesta en los encabezados de los periódicos de los EE.UU., pero el número de muertes en Guatemala sobrepasó aquel de las muertes sufridas en combate por los EE.UU. en las guerras en Corea, Vietnam, y el Medio Oriente. Combinadas.
La mayoría de los cálculos son que cerca de 200,000 personas fueron asesinadas durante los 36 años de matanza y hasta 50,000 “desaparecieron” — o sea, fueron secuestrados y nunca más se les volvió a ver. La vida en Guatemala era barata — y a menudo corta.
Luis Díaz no luchó por ninguno de los partidos en dicha guerra, pero él y cada uno de los ciudadanos guatemaltecos sabían que sus vidas estaban bajo riesgo.
A principios de 1991 Díaz trabajó en una fábrica de papel y en una compañía procesadora de madera en su pueblo natal de Escuintla en la región sur de Guatemala.
Como lo recuerda Díaz, la papelera trataba a sus empleados muy bien. Los trabajadores recibían sueldos justos y la papelera ofrecía cuidados para la salud apropiados. Díaz, su esposa Irma, y sus dos hijos, Mónica y Luis, Jr. — “Neto” — disfrutaban de una vida razonablemente buena.
Luego, casi de la noche a la mañana, los asuntos cambiaron. La papelera redujo los sueldos de los trabajadores y dejó de ofrecer cuidados para la salud.
Díaz y tres amigos, dijo él, “nos reunimos y decidimos que no estábamos de acuerdo con lo que iban a hacerle a todos los empleados”.
Pronto habían convencido a un grupo de 35 para que formaran un sindicato. “Nosotros llenamos los formularios para establecer un sindicato”, comentó Díaz, “y al siguiente día despidieron a las 35 personas”.
Esa fue la primera respuesta de la compañía. La segunda vino cuando el gerente de personal empezó a echarle indirectas a Díaz sobre lo que las personas hacían con los perros con rabia.
Con la guerra civil y “desapariciones” aun ocurriendo casi a diario, cualquier amenaza debía ser tomada de manera seria. De hecho, expresó Díaz, algunos trabajadores de la papelera ya habían desaparecido durante ese período.
Después de evaluar la situación, Díaz decidió que la medida más segura para él y su familia era buscar refugio en los Estados Unidos.
Para establecer una base, Díaz empezó su odisea hacia el Norte. Irma, Mónica, y Neto se quedaron atrás, no sabiendo qué desastres podría haber sufrido Díaz.
Después de haber llegado a Oregón en 1991, Díaz rápidamente solicitó asilo político.
Una jungla legal — primera parte
Con su solicitud de asilo habiendo sido presentada, Díaz encontró algunos beneficios inesperados. “Al haber solicitado asilo político”, dijo él, “me dieron una tarjeta de trabajo”.
No sólo eso, la Portland Community College le dio capacitación para poder trabajar en viveros. Ofrecían clases desde cómo podar árboles hasta el uso seguro de productos químicos agrícolas.
Pronto él encontró empleo con Cal-Am Properties — un empleo que aún tiene 20 años después.
Desafortunadamente, los asuntos en Guatemala se estaban empeorando. La esposa de Díaz, Irma, y sus hijos empezaron a recibir amenazas. En diciembre de 1993, ella decidió llevarse a sus hijos a los Estados Unidos. Sin decirle a Díaz, ella logró llegar de manera segura a Portland. Ahí, en 1994, ella solicitó asilo para ella y para sus hijos.
En 1994 la hija más joven de la pareja, Jennifer, nació en Portland.
Tres años después, la visión del sueño estadounidense empezó a verse más como una pesadilla. La solicitud de asilo de Díaz aún estaba pendiente, pero los papeles de su familia fueron rechazados por un tribunal — excepto Jennifer que era, por nacimiento, una ciudadana estadounidense.
Por lo tanto, Irma, Mónica, y Neto fueron ordenados que regresaran a Guatemala — a expensas suyas.
El juez expresó que podrían volver a solicitar entrada una vez que Díaz hubiera recibido asilo en los Estados Unidos.
Eso, debido a la decisión del tribunal, dejaría a Jennifer con sólo su padre para cuidarla. La pérdida de cuidado de su madre, como esperaría uno, sería un golpe traumático que la niña de 3 años de edad tendría que asimilar.
La familia esperó que los oficiales de inmigración vinieran a implementar la orden judicial. Sin importar cuál haya sido la razón, ningún oficial se apareció en su puerta.
El Tribunal de Inmigración finalmente en mayo del año 2006 — 15 años después de que Díaz llegó — presentó su desición, la cual no fue favorable.
Más malas noticias no tardaron en llegar. Éstas involucraban a toda la familia. La carta le ordenaba a Irma, Mónica, y Neto que se presentaran ante la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) para iniciar las preparaciones de su partida forzosa hacia Guatemala.
La noticia causó que Díaz buscara ayuda legal. La familia se presentó ante las puertas de la firma de abogados de Parker, Butte y Lane en SE Portland. Pronto su caso fue puesto bajo el cuidado de Tilman Hasche, un especialista en inmigración.

Tilman Hasche, especialista en inmigración, convenció al oficial del ICE a que ayudara a Luis Díaz. En la pared se puede ver un regalo de otro cliente agradecido – un dragón tallado, como un símbolo del INS, el Servicio de Inmigración y Naturalización. Foto por Richard Jones, El Hispanic News
Hasche tenía antecedentes admirables. Además de haber emigrado desde Alemania, su esposa había venido de Chile. Hasche, de manera no sorprendente, había manejado su caso. En los años desde entonces, Hasche, como él lo pone, ha tomado “casos de inmigración desde la República de Liberia hasta casi cualquier lugar que usted pueda nombrar”.
Él tomó sus casos — el de Díaz y el de su familia — a pesar de sus dificultades. “Es difícil defender un [caso de] asilo cuando los eventos ocurrieron 15 años antes”, comentó Hasche.
Hasche emprendió la defensa de la familia Díaz.
“Yo les expliqué a los oficiales [del ICE] que Luis, padre, tenía una solicitud de asilo pendiente que había permanecido sin haber adjudicado desde 1991 y propuse que el ICE se esperara para tomar acción en contra de Irma [y de los dos hijos mayores] hasta que se hubiera resuelto el caso de Luis”, agregó Hasche. “Esto empezó un proceso de negociación al final del cual el ICE estuvo de acuerdo de esperarse en implementar la Orden de Deportación de Irma de 1997 hasta dicha hora en que el Oficial de Asilo del CIS o el Juez de Inmigración hubiera otorgado o rechazado la solicitud de asilo de Luis padre”.
Mucho dependía del resultado. Si el juez decidía a su favor, la familia podría quedarse. Desafortunadamente para la familia Díaz, el juez decidió en contra de ellos.
Por fin, en mayo del año 2006, ambos el oficial de asilo y el juez rechazaron la solicitud de asilo de Díaz.
El 10 de octubre del 2006, Irma, Mónica, y Neto regresaron a Guatemala.
Una jungla legal — segunda parte
Aunque esta forzosa separación de la familia afectó a todos los cinco, la más afectada fue Jennifer, que entonces tenía 12 años.
Según Hasche, Jennifer era “una jovencita alegre, cautivadora, y optimista, una buena estudiante con un espíritu libre de problemas. Más tarde, ella se aisló en su propio mundo. Su trabajo en la escuela sufrió y ella se convirtió en una persona infeliz y pesimista”.
Buenas noticias estaban en el horizonte, por lo menos para Mónica y Neto.
Durante su estadía en Oregón, Mónica había conocido a un joven con el cual se iba a casar. El prometido de Mónica voló a Guatemala donde ellos se casaron. Ella pudo regresar legalmente a los Estados Unidos en el año 2008.
Mónica ha actuado en “Papers”, una película que examina las vidas de jóvenes indocumentados.
Neto y una joven residente de Oregón también se comprometieron. Su prometida también voló a Guatemala donde ellos intercambiaron anillos en el año 2008. Neto pudo regresar a los Estados Unidos en el año 2010.
Ambos Mónica y Neto, comentó Hasche, tuvieron que emprender un proceso largo y arduo para poder comprobarle a las autoridades de inmigración que sus respectivos cónyuges ciudadanos de los EE.UU. sufrirían penurias extremas si sus solicitudes de visas de inmigrantes eran rechazadas.
Mientras tanto, la situación de Jennifer se convirtió aún más crítica. Si el ICE deportaba a Díaz, eso la dejaría sin ningún acceso a ninguno de sus padres.
Con una potencial tragedia desarrollándose, Hasche acudió a la Oficina del Abogado Principal del ICE. Él convenció a los abogados del gobierno que volvieran a darle una mirada al asunto de penuria. El ICE estuvo de acuerdo en volver a abrir el caso.
En febrero del 2011, la Junta de Apelaciones de Inmigración otorgó otra audiencia.
Después de evaluar la nueva evidencia, el abogado del ICE estuvo de acuerdo con Hasche de presentar el caso ante el Juez Michael H. Bennett.
El 17 de octubre de 2011, Luis Ernesto Díaz-Morataya fue otorgado estatus de residencia permanente legal — una tarjeta de residencia.
Jennifer ahora está volviendo a recuperar su actitud positiva. Ella ahora espera asistir a la universidad y estudiar fotografía. De hecho, durante las entrevistas que El Hispanic News tuvo con Díaz, Jennifer tomó las fotos que aparecen con esta historia.
Aún queda un paso por tomar para que esta historia esté completa. Irma Díaz aún está en Guatemala. Al llegar a este punto, Díaz no ha visto a su esposa durante cinco años.
Con ese único detalle aún sin resolver, es claro por qué Hasche se enorgullece de su trabajo de inmigración. “Mis clientes están trabajando y pagando impuestos y haciendo que los Estados Unidos sea un mejor lugar”, concluyó él.
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