DSC00443 Recreación de marcha histórica de derechos civiles realza la intersección de causas de inmigrantes y afroamericanos

El activista de Oregón Ramón Ramírez de PCUN (a la derecha) tomó parte en la marcha de Selma a Montgomery junto con la Secretaria de Labor Hilda Solís, el Rev. Al Sharpton, Arlene Holt Baker de AFL-CIO, la cofundadora de UFW Dolores Huerta, el Rev. Jesse Jackson, y la activista de labor María Elena Durazo. Foto por Monica Ramírez, Southern Poverty Law Center

 

Alejandro Juárez
Columnista de la comunidad

Miles de personas de todo el país viajaron a Alabama a principios del mes pasado para el 47mo aniversario de la marcha de derechos civiles de Selma a Montgomery —el evento cardinal en el movimiento de derechos civiles que ilustró las condiciones difíciles de los afroamericanos bajo el sistema segregacionista y su lucha para obtener el derecho de votar.

La privación de derechos para votar basada en la raza aún es un asunto en la polarizada región del sur. Sin embargo, la marcha de este año buscó unir a las personas en contra del Proyecto de Ley de la Cámara HB-56, el cual ha sido apodado como la “ley de inmigración más difícil en el país”. El HB-56 no sólo es “difícil” para los inmigrantes, sino para cada persona pobre en Alabama, especialmente los afroamericanos.

Entre los aspectos más controversiales de la ley está la cláusula de identificación de votantes. La ley crearía una identificación emitida por el gobierno, la cual ahora es un requisito para votar. En un estado donde el 25 por ciento de la población documentada no posee ningún tipo de identificación, este proyecto de ley mantendrá a una porción sustancial de afroamericanos lejos de las cabinas electorales. Por eso fue que la marcha de este año combinó los asuntos de los derechos para votar con los derechos de los inmigrantes, tomando la ofensiva en contra del racismo y xenofobia que han traído dichas normas atroces a Alabama.

Explotando las difíciles épocas económicas

Alabama es uno de los tres estados más pobres en el país. Marchando a lo largo de la histórica ruta hacia Montgomery, la pobreza era obvia por todos lados. Negocio tras negocio estaba tapado con tablas y había muy pocas señales de nuevo desarrollo. Es fácil ver que la gente de Alabama ha sido derrotada por la economía y están frustrados. Desafortunadamente, estas condiciones permiten que intereses de fuera del estado tomen ventaja de la frustración y el temor de la gente para poder ganar elecciones y sacar provecho de su ansiedad.

El HB-56 y el SB-1070 de Arizona son cláusulas legislativas modelos en los comités asesores del American Legislative Exchange Council (Concejo de Intercambio Legislativo Estadounidense), o ALEC por sus siglas en inglés, una organización por membresía para legisladores conservadores que crea, y luego fuerza, este tipo de legislación a través del país. En áreas donde las estadísticas demográficas alternantes retan las fortalezas conservadoras establecidas, estas normas divisivas son un regalo caído del cielo para los conservadores que desean permanecer en poder.

Desafortunadamente, el HB-56 regresivo hace muy poco para resolver los problemas económicos en Alabama. El estado ha estado perdiendo un promedio de $1 millón de dólares al día mientras más y más personas dejan el estado y negocios cierran.

Los agricultores han perdido la mayoría de las cosechas de este año y están en camino de perder las del próximo año también. Los trabajadores indocumentados de temporada con los que contaban para recoger y sembrar sus cosechas han huido del estado. Es claro que el HB-56 no hace ningún sentido para Alabama. Desafortunadamente, estos tipos de leyes anti-inmigrantes están propagándose por todo el sur, con Georgia siendo la víctima más reciente.

Daño colateral

Los impactos de la legislación anti-inmigrante no están constreñidos a la propuesta población latina indocumentada. Todos los que se vean “diferentes” están sujetos a ser inspeccionados y detenidos.

Un impacto incidental en la comunidad afroamericana ha sido más encarcelamiento para hombres afroamericanos que ya son desproporcionalmente detenidos por la policía y que a menudo no tienen consigo sus identificaciones.

El HB-56 llegó a los titulares cuando el CEO alemán de Mercedes Benz fue detenido y arrestado por no tener consigo su pasaporte. El CEO rápidamente fue puesto en libertad pero lo que las noticias no mencionaron fue que también había 34 residentes de Alabama de raza negra que no fueron puestos en libertad, quedándose sentados en esa misma cárcel por la misma ofensa.

Manteniéndose unidos

Entre los líderes que asistieron la marcha estaban el Reverendo Jesse Jackson, el Reverendo Al Sharpton, Dolores Huerta, e Hilda Solis. Ellos hablaron en los puestos de descanso, guiaron a los manifestantes en rezos, y usaron su estatus de celebridad para mostrar unidad entre las comunidades afroamericanas y latinas.

“¿Qué queremos?” gritó un líder de cantos de habla inglesa en un altoparlante. El contingente de habla hispana para derechos de inmigrantes latinos marchando al frente se sorprendió pero alegremente respondió, “¡Justicia!” A través de la marcha, cantos y discursos cambiaban entre los idiomas mientras que las culturas se unían.

Este pequeño momento durante la marcha sirvió como un ejemplo de las conexiones interculturales que estaban ocurriendo a través de toda la semana. La pregunta en la mente de todos era si existía alguna tensión entre la comunidad latina y afroamericana y si podrían sobreponer las barreras de cultura e idioma para ver la imagen más grande. La respuesta fue un resonante sí.

Cuando Jesse Jackson inauguró una sección de la marcha con un rezo, él invitó a un líder religioso hispanohablante a que hiciera lo mismo en español. Cuando líderes comunitarios hablaron sobre los derechos de votación para los afroamericanos también explicaron lo racista que el HB 56 era hacia los latinos y cómo separaba a las familias. Dolores Huerta guio a toda la concentración de gente en el aplauso y canto para trabajadores agrícolas que fue usado por el Presidente Obama — “¡Sí se puede!” o “Yes we can!”

Algo nuevo estaba ocurriendo en Alabama; algo nacido de los impactos viscerales del racismo sancionado por el estado sobre estas comunidades. La retórica usada para dividir comunidades ya no es suficiente. Ya no tiene valor en luz de las realidades que son tan claras para aquellos que son detenidos por la policía por verse “ilegales” o a los que se les pide su identificación en la tienda de comestibles y aquellos que no pueden conectar sus servicios públicos básicos como la electricidad porque no poseen una tarjeta de identificación emitida por el gobierno. Muchos no se pueden quedar sentados esperando mientras ven a sus vecinos ser esposados en frente de sus niños y arrestados simplemente por no tener la identificación apropiada. Un nuevo movimiento de derechos civiles está empezando en Alabama.

Desde Selma hasta Montgomery, desde Montgomery hasta las elecciones del año 2012

En los meses venideros, el ataque conservador en nuestras comunidades sólo aumentará mientras tratan de obtener sus votos al atemorizan a sus constituyentes y dividir a los nuestros. Nosotros no podemos dejar que esto ocurra. Depende de nosotros cerciorarnos que mantengamos la humanidad de toda la gente que forma parte de nuestra comunidad.

Si hubiera una lección que deberíamos aprender de Alabama sería que debemos involucrarnos ahora mismo. Aprenda sobre inmigración, hable con sus amigos y familia, ofrezca sus servicios voluntarios en organizaciones que trabajan para ponerle fin al racismo. No dé por hecho su derecho de votar. Haga un plan para inscribirse a sí mismo y a cinco otros para poder votar. Sea parte de su comunidad.

Para poder cambiar el rumbo de la marea que está viniendo hacia nuestras comunidades nosotros debemos unirnos y bloquearle el paso. Las personas de Alabama ahora saben esto; es hora de que nosotros nos unamos.

Alejando Juárez asistió la marcha en nombre de We Are Oregon y SEIU. Se puede comunicar con él enviándole un correo electrónico a alejandro@weareoregon.org.

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